El Cuévano Niñero

El Aula de Patrimonio Cultural de la UC elige para el mes de febrero esta pieza localizada en el Museo de las Siete Villas

​En los entornos rurales de Cantabria se han realizado a lo largo de la historia diferentes piezas que en la actualidad conforman un rico patrimonio etnográfico. Una de ellas es el cuévano, cesta o canasto empleado para el transporte dehierba, leña, maíz, patatas, materiales de construcción, útiles de cocina... Una variedad del mismo es el cuévano niñero (también denominado cuévana o canastra), utilizado para llevar a los bebés hasta, aproximadamente, los siete meses. El cesto se cargaba a la espalda, lo que permitía a las mujeres continuar con sus faenas del campo o del hogar, al tiempo que era utilizado de cuna cuando se quedaban a dormir en las cabañas.

El empleo de estos cestos es consecuencia de la forma de vida tradicional en las sociedades rurales montañesas, donde fue muy frecuente la emigración masculina, muchas veces temporal. Esto dio lugar a que las mujeres se quedaran solas y tuvieran que hacer los trabajos del campo y del ganado, además de asumir las tareas propias del hogar y cuidado de los niños.
El cuévano niñero se diferencia de los otros tipos de cuévanos en que la sección de éstos es elipsoidal y de trapecio truncado, teniendo la base mayor abierta en la parte superior y la menor en la inferior. Sin embargo, aumque la sección de la canastra pasiega es elipsoidal, tiene las dos bases casi iguales, con la inferior un poco más pequeña debido a la oblicuidad que se da a las costillas.
Esta parte inferior está guarnecida por los lados exteriores por un cuero llamado "estuérdiga". Dentro lleva unos trozos de este mismo material o simplemente cuerdas de cáñamo sobre las que se colocaba un jergón relleno de hoja "maicera", de fácil secado, y una almohada, cuyo interior es de lana. Se forraba de puntillas y fieltro rojo, adornado con cintas negras., y al pequeño se le envolvía en sábanas y manta de lana fina.

A los lados, el cuévano lleva tiras trenzadas en forma de abrazaderas para poder llevarlo a la espalda a modo de mochila. En la cabecera se adosa un aro formando una especie de dosel cubierto con tela que preservaba al niño del frío, del sol, de la humedad y de los insectos. Excepcionalmente podían tener en la parte inferior dos medias lunas de madera con las que se conseguía que tuvieran más duración y, sobre todo, que pudiera ser mecido fácilmente sobre el suelo.
Con el fin de que el pequeño estuviera totalmente cubierto, pudiera disponer de aire suficiente y para evitar que la ropa cayera sobre él, llevaba el aro de avellano abierto por la parte inferior. Además, el espacio libre que quedaba entre la redecilla sobre la que iba el jergón y la base inferior se aprovechaba para poner lo necesario para alimentar o vestir al niño.

En la "canastra" la cabeza del bebé quedaba a la altura del hombro derecho de la madre, quien debía de hacer movimientos de cabeza hacia la derecha para controlar su estado. Los pies se orientan al lado izquierdo de la madre. Cuando se bajaba de la espalda se depositaba en el suelo y podía balancearse, sin volcarse por lo que también servía para acunar al niño y como parque. En ocasiones las madres se arrodillaban sobre el mismo para dar de mamar al niño sin sacarlo para que no se enfriara. Procuraban colocarlo de lado por si se atragantaba.

El cuévano era una pieza muy apreciada por su laboriosa fabricación, pues generalmente estaba tejido con tiras de avellano cortadas en luna menguante para que no se apolillasen. Se dejaba curar ocho días, tras los cuales las varas se calentaban, bien en agua caliente o al fuego, procediendo entonces a cortarlas por la mitad y después a tejer el cesto cuidando la disposición del veteado para aprovechar bien la vara. El cuévano niñero tenía, como es lógico, una elaboración aún más cuidada que el resto de cuévanos. De ahí que fuera una pieza tan valorada, hasta el punto de que era el primer regalo que una madre hacía a su hija cuando iba a dar a luz. Se dice que la vida de los pasiegos transcurría asociada a estos cestos: en ellos se criaban durante la lactancia, años más tarde cargaban con ellos a sus espaldas por las montañas pasiegas transportando todo tipo de cosas, para terminar siendo ellos mismos quienes, ya difuntos, volvían a ser trasladados en cuévanos hasta su morada final.

En un principio se hacían en cada familia para uso personal, pero, poco a poco, fueron surgiendo artesanos dedicados a este oficio, aunque a menudo a tiempo parcial, en épocas en las que no podían dedicarse a otras tareas. Los artesanos "cuevaneros" vendían sus productos en ferias, en tiendas y eran también vendedores ambulantes que, además de vender, "amañaban" (reparaban) cestos.
En muchas viviendas pasiegas aún se conservan cuévanos, que también pueden contemplarse en lugares tales como el Museo Etnográfico de Cantabria y en el Museo de las Villas Pasiegas.

"La Pieza del Mes" es un proyecto de divulgación del Patrimonio Cultural de Cantabria promovido por el Aula de Patrimonio Cultural del Vicerrectorado de Cultura y Participación Social de la Universidad de Cantabria que nació en 2009. Se plantea como objetivo, una vez al mes, acercar a la sociedad de una manera divulgativa y comprensible un objeto mueble o un elemento singular del legado artístico con que cuenta esta región.



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