Cinco investigadores de la UC documentan la transmisión de enfermedades a través de sistemas de ventilación en edificios multifamiliares
El grupo, formado por integrantes de la ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación y de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, ha sido coordinado por Shelly Miller, exasesora en materia de calidad del aire de la Casa Blanca
José Ramón Aranda,
Francisco Javier Balbás,
David Higuera,
Delfín Silió e
Ignacio Lombillo, investigadores del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Energética de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación, y del Grupo de Tecnología en Edificación de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria (UC), han documentado la transmisión de enfermedades a través de los sistemas de ventilación en edificios multifamiliares.
Publicada en la revista
PLOS ONE, la investigación, de la que es coautor el ingeniero mecánico y exalumno de la ETS de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación
Ernesto Cabrillo, comenzó en junio de 2020 a raíz del confinamiento de un bloque de viviendas en Santander tras la aparición de casos de COVID-19 en el inmueble. Unos contagios que se produjeron en un momento en que la capital de Cantabria presentaba unos índices de contagio cero y los ciudadanos seguían utilizando mascarilla y manteniendo distancia social.
En ese contexto, David Higuera, del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Energética y residente en el edificio, comenzó a plantearse cómo se habían producido los contagios y cuál había sido la vía de transmisión “si no había habido reuniones de escalera y no existía contacto estrecho entre los vecinos".
Entonces pensó que “el SARS-COV-2 no se contagia por contacto, sino por vía aérea (aerosoles infecciosos), sobre lo que ya había leído, lo que podía tener incidencia en materia de salud pública", subraya.
Por ello, trasladó su preocupación al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y, en concreto, a la inmunóloga, Margarita del Val, que avala su teoría y lo relaciona con el brote de SARS-COV-1 en el complejo residencial Amoy Gardens (Hong Kong), que ocurrió en marzo de 2003, donde un total de 321 residentes resultaron infectados y 42 fallecieron, por lo que acudió a sus compañeros de Departamento para poder documentar su hipótesis.
El grupo de investigadores buscó el apoyo de Shelly Miller, exasesora de la Casa Blanca en materia de calidad del aire durante la Administración Biden y profesora emérita de la Universidad de Colorado, que se convierte en la coordinadora principal de la investigación.
Pie de foto: De izquierda a derecha, Ignacio Lombillo, Ernesto Cabrillo, José Ramón Baranda, Shelly Miller, David Higuera y Javier Balbás.
“Nos facilitó equipos para realizar las mediciones de la presión, caudal y la temperatura que sirvieron para la simulación del movimiento dinámico del aire dentro del edificio por el profesor Delfín Silió", explica José Ramón Aranda, profesor titular de la UC.
Una vez obtenidos los resultados, los investigadores constataron las sospechas iniciales: el contagio en el edificio de Santander, se produjo por el sistema de ventilación de los baños. Además, advierten de que esta situación puede volver a producirse en edificios que dispongan de patios compartidos o sistemas de ventilación similares.
Recomendaciones
Durante las décadas de 1960 y 1970, era habitual en España la construcción de bloques de viviendas con patios o conducciones verticales de ventilación comunes.
“La población debería comprobar cuál es el conducto que conectan los baños a las conducciones comunes, siendo habitual el uso de rejillas", apunta Javier Balbás.
Asimismo, señala que, cuando existan estas rejillas, es recomendable que “al utilizar los extractores de la cocina se abra alguna ventana para evitar que se genere un vacío que facilite la entrada de aire desde la conducción compartida que puede favorecer la entrada de patógenos a la vivienda".
Además, plantea la sustitución de la rejilla por un extractor que venga equipado con una válvula antirretorno que “solo permitan el paso del aire del baño al exterior y no de la conducción comunitaria al interior. Una solución económica que ya debería estar considerada en el Código de Edificación como un requerimiento de seguridad sanitaria".
Por último, los investigadores también citan la utilización de medidores de CO2 portátiles, de los que existen diferentes modelos económicos en el mercado, porque son un buen indicador de la calidad del aire en el interior en espacios compartidos.
En este sentido, advierten que siempre es recomendable por debajo de 1.000ppm, IDA 2 aire de buena calidad, según establece el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RD 1027/2007).
Pie de foto: El grupo de investigadores en la Plaza de la Ciencia.