Un curso de verano de la UC recorre cinco siglos de historia para explicar por qué el pensamiento mágico no ha desaparecido
La formación, que comenzó ayer en Laredo, analiza el origen de las creencias sobre brujas, demonios y exorcismos y su relación con los miedos y las incertidumbres del ser humano
La ciencia ha transformado la forma en que el ser humano entiende el mundo, pero no ha conseguido desterrar el pensamiento mágico. Cinco siglos después de las grandes cazas de brujas, muchas personas siguen recurriendo a horóscopos, pseudoterapias o creencias que escapan a la explicación racional. “De momento no hemos podido constatar la imagen de que cuanto más avanza el conocimiento, menos espacio queda para la magia. Vivimos con ello", aseguró Tomás Antonio Mantecón Movellán, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cantabria y director del curso 'Una historia en llamas: brujas, demonios y exorcismos', de la Edad Oscura a la Modernidad', que arrancó ayer en Laredo dentro del programa estival de la UC.
La formación, que se extiende hasta hoy, propone analizar cómo las sociedades han respondido históricamente al miedo, la enfermedad, la incertidumbre y todo aquello que escapaba a una explicación racional. “Seguimos teniendo muchísimos miedos e incertidumbre", subrayó Mantecón, convencido de que comprender las creencias de hace siglos ayuda a interpretar muchos comportamientos que siguen presentes en la actualidad.
Durante dos jornadas, el alumnado recorre un amplio periodo histórico que arranca en la Edad Media y se prolonga hasta el siglo XIX para conocer cómo se construyeron las creencias en torno a la brujería, los demonios, la posesión o los exorcismos. El curso analiza el papel que desempeñaron la religión, la magia y las supersticiones en sociedades donde la enfermedad, las malas cosechas o los fenómenos naturales carecían de una explicación científica y alimentaban la búsqueda de respuestas en lo sobrenatural.
“Queremos trasladar a la gente a una sociedad que ya no existe", remarcó el director del curso. Un mundo en el la autoridad podía construirse alrededor de curanderos, hechiceras o personas capaces de conjurar tempestades y donde cualquier acontecimiento extraordinario podía interpretarse como una manifestación del bien o del mal. Por eso, la formación aborda cómo surgieron los procesos de persecución de la brujería y de qué manera evolucionaron.
Un reto divulgativo
El historiador cree que la respuesta frente al auge del pensamiento mágico no pasa solo por generar más conocimiento, sino también por comunicarlo mejor. "Tenemos que hacer un esfuerzo desde todos los planos de la ciencia para ser más capaces de transmitir hasta dónde llegan nuestros límites de conocimiento y también para explicar por qué no llega más allá, de tal manera que la gente recurra menos a la explicación irracional y se apoye más en lo que es una constatación racional", aseveró.
Las cazas de brujas ocupan también un lugar destacado en el programa. En algunos territorios estuvieron relacionadas con la fragmentación política, la pérdida de confianza en las instituciones o las luchas entre facciones, mientras que en otros se vincularon a la persecución de la herejía o a conflictos religiosos y culturales.
La imagen de la bruja que ha llegado hasta nuestros días tampoco se corresponde con la realidad histórica. Parte de esa responsabilidad recae sobre el cine, que ha contribuido a reforzar el estereotipo de mujeres ancianas, solitarias y con sombreros puntiagudos. Mantecón explicó que esa representación es reflejo de una construcción cultural que se ha ido consolidando con el tiempo y recuerda que, en realidad, las personas acusadas de brujería pertenecían a perfiles muy diversos y, en la mayoría de los casos, estaban plenamente integradas en sus comunidades. "Hay el mito de que son mujeres solas y ancianas, pero las hay de todas las edades", matizó.
El recorrido por este fenómeno incluye también varios episodios documentados en Cantabria, como el conocido caso de la Bruja de Pámanes o el de Francisca de Loyo, una vecina de Laredo cuya vivienda fue registrada después de protagonizar un altercado en una iglesia y en la que las autoridades encontraron objetos vinculados a prácticas curativas.
Mantecón se mostró convencido de que la historia ayuda a comprender mejor la forma en que las personas afrontan el miedo y la incertidumbre. "Lo que a nosotros a veces nos parece extraño no era tan extraño ni tan ilógico. Formaba parte de cómo la gente resolvía sus problemas", concluyó.
Pie de foto: Tomás Antonio Mantecón Movellán, director del curso 'Una historia en llamas: brujas, demonios y exorcismos'.