Rebeca Saavedra: ‘Los Cursos de Verano ponen a la UC un rostro más cercano y accesible’
La vicerrectora de Cultura y Transferencia a la Sociedad destaca la diversidad y el alcance territorial de la programación estival
Una conferencia sobre Alzheimer, un taller en familia, una conversación con un músico o la proyección de un documental seguida de un debate. Son formas distintas de acercarse al conocimiento, pero también puertas de entrada a la Universidad de Cantabria (UC) para quienes quizá nunca pisarían un aula universitaria. Esa es una de las claves de los Cursos de Verano, una iniciativa que cada año traslada formación académica y actividad cultural a diferentes municipios de la región y que, para la vicerrectora de Cultura y Transferencia a la Sociedad, Rebeca Saavedra, tiene un efecto especialmente valioso. “Los Cursos de Verano ponen a la UC un rostro más cercano y accesible".
La fórmula combina cursos monográficos con un programa integrado por actividades culturales gratuitas y abiertas a todos los públicos en diversos formatos, desde conferencias y talleres a mesas redondas, proyecciones y encuentros en un ambiente distendido. De esta forma, la UC consigue ampliar el alcance de su oferta estival, ya que “no todo el mundo dispone del tiempo necesario para realizar un curso ni se encuentra cómodo haciéndolo y, sin embargo, muchas más personas pueden dedicar una tarde a un taller o unas horas a escuchar una conferencia". La variedad de formatos, asegura Saavedra, “nos permite incrementar nuestro impacto en la sociedad, sin perder nuestros estándares de calidad".
La programación cultural deja, a juicio de la vicerrectora, un balance “positivo" en esta edición, tanto por la asistencia como por el grado de satisfacción percibido, y facilita la participación de personas con perfiles socioeconómicos y culturales diferentes. “Nuestra vocación debe ser llevar la programación académica y cultural estival de la UC a todo tipo de personas y al mayor número de ellas posible", señala.
Esa amplitud se traslada también a las materias abordadas, pues las actividades han llevado este verano a los municipios cuestiones relacionadas con la salud, el bienestar, la ciencia, la divulgación, la tecnología, la digitalización, el medioambiente, el arte y la creatividad, además de la historia, el patrimonio, la educación, la economía, el deporte o el turismo. La selección, que aúna temáticas de actualidad y contenidos de interés científico y académico, permite configurar una programación “holística" que busca responder a distintos intereses y necesidades.
Dar a conocer la investigación de la UC
Los Cursos de Verano sirven al mismo tiempo como escaparate del conocimiento que se genera dentro de la institución. Esto se debe a que buena parte de las propuestas de cursos monográficos que se reciben y que luego se programan procede del personal docente e investigador de la UC, lo que permite dar visibilidad a su trabajo ante públicos que trascienden la propia comunidad universitaria.
Con todo Saavedra señala que “el debate y la puesta en común de ideas y avances constituyen la base y la esencia misma de la investigación científica" y la transferencia de sus resultados a la sociedad “una obligación" para quienes la generan. De ahí que considere tan importante como poner en valor “la investigación de primer nivel que se desarrolla en la UC" abrirse y contribuir a transferir el conocimiento producido en otros centros de investigación a través de la programación estival de la Universidad de Cantabria.
Un modelo descentralizado
Los Cursos de Verano se han desplegado este año a través de 16 sedes repartidas por Cantabria, una red con la que llevar su actividad más allá de los campus de Santander y Torrelavega. Este modelo descentralizado, sostiene Saavedra, constituye una de las principales singularidades del programa y permite tanto “amplificar significativamente la presencia de la UC en el territorio" como reforzar su labor de transferencia del conocimiento e impulso a la creación cultural.
Los ayuntamientos son “una pieza esencial" de esa estructura porque su papel va más allá de proporcionar espacios o financiación. Su conocimiento de la oferta cultural y de los intereses de sus vecinos ayuda a plantear propuestas ajustadas a cada municipio, sin renunciar “a la independencia y al rigor y la calidad" propios de una universidad pública.
A su vez, para las localidades, contar con una sede facilita el acceso a investigadores, profesionales y especialistas sin necesidad de desplazarse al campus. Para la vicerrectora, eso supone “una oportunidad para dinamizar la vida cultural de los municipios" y, en algunos casos, brinda la posibilidad de “sembrar la semilla de vocaciones o crear el germen de todo tipo de iniciativas".
Una programación abierta a innovar
Talleres, proyecciones con debate o conversaciones como la mantenida con Rulo en Suances han sido algunos de los formatos que han despertado el interés del público este verano. Pero Saavedra pone especialmente el foco en los cursos relacionados con la literatura, la ilustración y la música tradicional, en los que la formación teórica ha ido acompañada de un marcado componente práctico.
En Laredo, la escritora y periodista Marta San Miguel impartió un curso de escritura en el que los alumnos pudieron conocer las claves para transformar una idea en una historia y desarrollar una voz propia. A lo largo de las sesiones, analizaron textos de autores reconocidos como Samantha Schweblin, Juan José Millás, Leila Guerriero o James Salter, y llevaron a cabo ejercicios prácticos para entrenar la mirada, encontrar historias en lo cotidiano y perder el miedo al folio en blanco.
La ilustración también tuvo su espacio en la sede de Torrelavega de la mano de Carmen Segovia y Marta Zafra. Durante tres jornadas, los participantes exploraron las posibilidades narrativas del libro ilustrado, trabajaron a partir de imágenes de archivo, recuerdos y la imaginación, y llevaron el dibujo al entorno natural. Con técnicas manuales y tradicionales, el curso abordó, además, la relación de la ilustración con disciplinas como la escenografía, la cerámica o el bordado y culminó con la creación de una pieza colectiva.
Otra de las propuestas que destaca Saavedra es 'Cantares y percusión', impartida en Torrelavega por Esther Sánchez con el objetivo de recuperar las músicas tradicionales. Los alumnos aprendieron cantares y ritmos, principalmente de las dos Castillas, pero también a acompañarlos con panderetas y objetos como cucharas, conchas de vieira o almireces. Además, la formación permitió conocer los contextos en los que estas músicas se cantaban, tocaban y bailaban. Una labor valiosa por la necesidad de “conservar, recopilar, enseñar y difundir todo ese folklore", que forma parte del legado cultural heredado.
La vicerrectora también celebra la presencia de jóvenes en estas actividades, uno de los públicos con los que la programación busca conectar mejor. “Se han favorecido sinergias intergeneracionales interesantísimas", señala, convencida de que las disciplinas artísticas, las actividades vinculadas al desarrollo de la creatividad y las Humanidades aportan “herramientas y capacidades esenciales para desenvolvernos en la sociedad actual y en la que está por venir".
En su opinión, “innovar en la programación es clave para mantener la atención de la ciudadanía". Por eso, cree que no se trata de abandonar temáticas o fórmulas que funcionan, sino de evitar “una reiteración sistemática" y permanecer atentos a nuevas propuestas y posibles colaboraciones con colectivos e instituciones académicas y culturales.
Pie de foto: Rebeca Saavedra, vicerrectora de Cultural y Transferencia a la Sociedad de la Universidad de Cantabria.