Abstract: Durante la crisis por la COVID-19, las unidades periféricas de epidemiología se han visto obligadas a gestionar un volumen de casos, contactos y brotes para el que no estaban dimensionadas ni dotadas. En situaciones ordinarias, el estudio y el control eficiente de los brotes y de las alertas requieren recursos humanos y materiales, análisis de la situación para identificar causas y emitir recomendaciones, coordinación con otras estructuras del sistema sanitario, así como la devolución de los resultados y las actuaciones en un informe y una propuesta de actuaciones. El estudio de brotes sobre el terreno ha evolucionado, alcanzando un grado de sistematización que ha permitido implementar de forma generalizada medidas rápidas y eficaces, para la interrupción de las cadenas de transmisión y la gestión de las situaciones de riesgo. Para conseguirlo, se ha tenido que realizar un ejercicio rápido y extraordinario de integración informática, de movilización de personal y de creación de estructuras ad hoc. La solidaridad y la cooperación entre profesionales de distintas Administraciones ha sido el pilar que ha sostenido el sistema de vigilancia. A pesar de ello, se han detectado obstáculos fruto de la falta de coordinación, las desigualdades sociales en salud y, posteriormente, la fatiga pandémica, que han disminuido la adherencia y la efectividad de las medidas. A su vez, se ha puesto de manifiesto la necesidad de redimensionar estas unidades, dotarlas de profesionales con formación y equiparar las condiciones de trabajo y de remuneración con los servicios de salud.