Abstract: El presente artículo indaga sobre cómo, en función de las narrativas curatoriales de comisarios/as de espacios museísticos, progresivamente se ha ido imponiendo la recurrencia a la escenografía como modo de acercar diferentes exposiciones a un público más amplio. Espacios que, por la hibridación disciplinar que confiere la escenografía como acercamiento al concepto de obra de arte total, adquieren un mayor atractivo y estímulo. Esta tendencia ha dado lugar a una nueva categoría dentro de la museografía: la escenográfica. En el contexto actual de la cultura de masas, que iguala turismo y visitas a "megaexposiciones", se destaca el papel que desempeñan las tecnologías digitales al aumentar las posibilidades espaciales de una exposición. En este marco, se analiza el caso de las exposiciones inmersivas, tan promocionadas últimamente, como caso extremo de exposición meta-artística. En contraposición, se presenta el trabajo de James Turrell como ejemplo de una utilización esencialmente escenográfica del color. El análisis de este contraste, y tras haber profundizado en el potencial de la escenografía para el desarrollo de nuevas narrativas expositivas, nos permitirá extraer algunas conclusiones acordes con lo planteado.