¿Inducción en la cocina?¡También en las carreteras!

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Marta Vila Cortavitarte

​Estudiante de doctorado de la UC

Programa de Doctorado: Doctorado en Ingeniería Civil (PDIC)

Rama del conocimiento: Ingeniería y arquitectura

Director del Proyecto de Investigación Doctoral: Daniel Castro Fresno

Contacto: mvc91@alumnos.unican.es  

Redes sociales: Twitter y Facebook

PROYECTO DE DOCTORADO:

¿Inducción en la cocina? ¡También en la carretera!

 

Aún sin saber cómo funciona, la inducción magnética cada vez resulta más familiar; de hecho, si alguien ha tenido que hacer en los últimos años obras en su cocina habrá tenido que elegir entre una vitrocerámica convencional o una de inducción. Éstas últimas destacan porque logran calentar la base del recipiente en el que estamos cocinando sin calentar su superficie, y esto les hace más seguras ante contactos accidentales una vez se retira del fuego la sartén o cazuela que estuviésemos utilizando. Resumiendo, mediante la inducción magnética se consigue calentar un determinado material metálico sin calentar su entorno.  

Entonces, ¿qué pensaríais si os digo que aplicando la inducción magnética al mantenimiento de carreteras podríamos alargar el tiempo entre los cortes de carretera por reasfaltado que nos incordian cada dos por tres, además de los costes en materiales de construcción?

Pues este es el objetivo principal que persigo con mi tesis doctoral, pero ¿cómo?  

Empecemos por el principio; en general, las carreteras están construidas por una mezcla de piedras de diferentes tamaños (en el argot lo llamamos áridos) y un líquido negro procedente del petróleo que se encarga de mantener dichas piedras unidas (llamado betún). El betún, rígido a temperatura ambiente pero fluido a altas temperaturas, además de unir los áridos, consigue que todo junto trabaje como un sólo material con cierta flexibilidad, aportándole además el característico color negro del asfalto. Con el paso de los coches este material va deteriorándose; se crean fisuras que van haciéndose cada vez más grandes hasta llegar a desprenderse material de la superficie, generar baches, etc. 

Sin embargo, en mis mezclas añadiré un tercer componente: partículas metálicas. Como habréis intuido, es aquí donde entrará en juego la inducción.  Si ponemos esta mezcla de áridos+betún+metal bajo la acción de la inducción magnética, conseguiremos que la fracción metálica se caliente, transmitiendo el calor al betún permitiendo que fluya entre las pequeñas grietas ocasionadas y las selle. De este modo, tendremos un material curado y la carretera estará lista para soportar el tráfico de nuevo, antes de tener que repararla de la manera convencional.

El funcionamiento teórico de la técnica ya ha sido demostrando, pero resulta poco atractiva por el elevado precio e impacto ambiental de las partículas metálicas. Para solucionar este problema, mi tesis da una vuelta de tuerca extra mediante la utilización de residuos metálicos; es decir, materiales de los que las empresas se deshacen gratis o incluso pagando y que no son ya útiles para ellas. Además, nuestra situación geográfica es privilegiada dado el gran número de empresas dedicadas a la fabricación y manufactura del metal en el norte de España. 

Por lo pronto, he caracterizado en laboratorio más de 17 subproductos industriales y 5 de ellos están dando buenos resultados. ¡Seguimos!