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30 OCTUBRE 2020
Investigación

Una línea de investigación del IIIPC ha permitido cuatriplicar las cuevas decoradas en el País Vasco en la última década

El proyecto que dirige Diego Gárate permite definir no sólo cómo era el arte paleolítico en la zona sino cómo de complejas eran las sociedades que lo crearon

 

Si observáramos en un mapa la geografía de las cuevas con arte rupestre de la zona franco-cantábrica, desde Asturias hasta Francia, veríamos importantes diferencias entre unas zonas y otras. Hasta hace diez años, la comparación entre Cantabria, cuna de la investigación prehistórica y donde hay medio centenar de cavidades con pinturas y grabados, y el País Vasco, donde había solamente seis, era demoledora. El trabajo de investigadores como Diego Gárate, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC, centro mixto de la Universidad de Cantabria, el Gobierno regional, el CSIC y Banco Santander), ha nivelado esta disparidad.

"Era chocante, sorprendente e incomprensible este déficit de cuevas decoradas según nos desplazamos hacia el Pirineo y una de las principales hipótesis que manejamos para explicarlo es una escasa o menos exhaustiva investigación", señala el arqueólogo. Aparte de otros factores que influyen como la geología –menos roca caliza y por tanto menos cuevas- o los usos –zonas más habitadas y con minería intensiva o canteras-, había otra razón: "simplemente no se encuentra lo que no se busca".

Gárate explica que "la mayoría de las cuevas que hemos localizado ya se conocían: estaban abiertas, eran muy frecuentadas por las gentes del lugar e incluso habían sido objeto de excavaciones arqueológicas durante buena parte del siglo XX". ¿Por qué no se localizó el arte antes? "Normalmente excavamos en el vestíbulo o boca de las cavidades, donde la entrada de luz natural marca las zonas de hábitat más propicias, pero las actividades más simbólicas se ubican en zonas ocultas, profundas o inaccesibles", apunta. Nuestros antepasados conocían el medio subterráneo "a la perfección" y hoy en día, para reproducir ese tránsito se necesita material específico y la colaboración de espeleólogos.

Territorios gráficos

Este proyecto de prospección en cuevas con yacimiento arqueológico ha tenido resultados "bastante exitosos", con el descubrimiento de 22 nuevos registros de arte rupestre en esta zona oriental de la Cornisa Cantábrica, en colaboración con espeleólogos y otros arqueólogos. "Hemos cuatriplicado la cantidad, con lo que eso significa desde el punto de vista patrimonial y científico. Disponemos de muchísima información nueva que debe ser procesada y que nos va a ayudar a redefinir lo que conocíamos sobre este arte paleolítico tan concentrado en el Cantábrico, Pirineos y zona de la Dordoña", señala Diego Gárate.

"Estos descubrimientos nos están ayudando a matizar nuestras ideas respecto a los territorios gráficos; hay épocas con un arte más regional y en otras está más globalizado". El investigador del IIIPC se refiere en concreto a los resultados plasmados en una reciente publicación en la revista PlosOne sobre el arte de las cuatro cuevas de la colina de Aitzbitarte (Rentería), muy cerca de San Sebastián y que data de hace 27.000 años. "Tres de ellas tienen un estilo artístico que no conocíamos en el Cantábrico y que está muy ligado a lo que sí aparece en Francia" (propio del periodo gravetiense).


El artículo ha sido firmado por Gárate junto a investigadores de la Universidad de Salamanca, el Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana (CENIEH) y la Universidad del País Vasco. Los singulares grabados analizados, que fueron hallados en 2016, son de bisontes y otros animales representados en vista frontal y con detalles como la figuración del pelaje o las pezuñas. El trabajo en Aitzbitarte contó con la financiación de la Diputación de Gipuzkoa y del Ayuntamiento de Errenteria, y con la colaboración de los espeleólogos de los grupos Felix Ugarte Elkartea y Aizpitarte Elkartea.

Sociedades complejas

Los descubrimientos de nuevas cuevas arrojan una gran cantidad de datos útiles para conocer mejor a las sociedades prehistóricas. "El arte nos aporta muchísima información sobre cómo vivían y se organizaban esos hombres, mujeres y niños, a veces incluso más que sobre la manifestación artística en si o sobre el mensaje que querían transmitir", recuerda Gárate. "Estamos hablando de sociedades bien asentadas y complejas, con unos movimientos migratorios muy planificados para aprovechar los recursos de los diferentes ecosistemas".

Se desprende por tanto la existencia de unas estrechas redes de contacto que explican la aparición de figuras con las mismas convenciones estilísticas que las encontradas en zonas como Marsella, a más de 700 kilómetros de distancia. "No es que esas personas se desplazaran hasta allí, sino que hay redes a través de las cuales están compartiendo tecnología, conocimientos, formas de hacer las cosas y de entender el mundo. El artista que decoró estas cuevas no las realizó por inspiración propia: estaba sujeto a unas normas muy específicas que se transmiten de generación en generación a lo largo de cientos de kilómetros", comenta el investigador.


Para ir avanzando en esta línea de investigación, el científico seguirá procesando y analizando la ingente cantidad de información obtenida en los últimos años, al tiempo que se siguen explorando nuevas cavidades en un trabajo que cada vez es más pluridisciplinar. "Trabajamos amplios grupos de personas con la intervención de diferentes especialistas", afirma Diego Gárate. Por ejemplo, es fundamental la colaboración de geólogos para definir las zonas de las cuevas que se han podido modificar y para reproducir cómo eran esas cavidades originalmente o qué tipo de obstáculos tuvieron que superar nuestros antepasados para realizar sus obras. Acostumbrado a seguir los pasos de los artistas prehistóricos, el investigador apunta: "El hecho de que muchas veces se jugaran el tipo para realizarlas da una idea de su importancia social".

Referencia del artículo:
https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0240481


PIES DE FOTO: Diego Gárate, en su despacho de la Universidad de Cantabria / grabados de Aitzbitarte.



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