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08 JUNIO 2020
Institucional

Tribuna "La Universidad de Cantabria: lecciones de una pandemia", por Ángel Pazos

Publicada en El Diario Montañés, el domingo 7 de junio

La crisis de la pandemia por Covid-19 ha sometido a la sociedad española, como al resto del mundo, a una convulsión sin precedentes: hemos pagado, y aún estamos pagando, un terrible precio en forma de pérdida de vidas humanas, y estamos ya afrontando una crisis socioeconómica muy grave. La Universidad de Cantabria no ha sido ajena a esta situación. La obligada suspensión de toda actividad presencial en nuestro campus nos ha llevado, además de a la paralización de la investigación, a una transición, forzosamente precipitada, hacia la formación a distancia con carácter temporal. A pesar de todos los problemas que inevitablemente se han generado ante este cambio de modelo, el esfuerzo y la implicación del profesorado y del personal de servicios, y la elevada responsabilidad y comprensión de nuestro alumnado nos están permitiendo conseguir el objetivo fundamental que nos marcamos: que no se pierda este curso académico.

La educación universitaria ha de ser siempre una prioridad absoluta para nuestra sociedad, pero especialmente en una situación de crisis como la actual. La universidad debe formar, por una parte, profesionales técnicamente competentes para el ejercicio de un determinado cometido; y, por la otra, personas con sentido crítico, visión global y valores de responsabilidad social. Los egresados y egresadas de la Universidad de Cantabria están llamados a ser quienes gobiernen, en buena medida, el timón del barco de nuestra sociedad futura: no podemos escatimar medios ni apoyo social para una labor tan importante. Y junto a ese compromiso, la universidad lleva a cabo una labor fundamental en el desarrollo de la investigación científico-técnica, humanística y social.

Además, la universidad es bien consciente de que su compromiso con la sociedad no es sólo de formación e investigación, sino también de puesta a disposición de todas sus capacidades cuando es necesario. Nuestro compromiso social, como el de tantas otras entidades, ha sido evidente en la crisis que acabamos de sufrir. Además de otras labores de apoyo (esterilización de mascarillas, fabricación de pantallas, preparación de tubos), un nutrido grupo de investigadores e investigadoras de la Universidad de Cantabria y del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria con experiencia en la técnica de PCR se integraron desde el primer momento en el IDIVAL, para apoyar la labor de diagnóstico de la pandemia, contribuyendo a que el laboratorio mixto fuera reconocido por el Instituto de Salud Carlos III como centro autorizado para la realización de estas pruebas.

La crisis que estamos padeciendo ha demostrado, dolorosamente, que la investigación y la transferencia son claves para el bienestar social: llevamos meses preguntándonos por la existencia de tratamientos realmente eficaces para la infección por coronavirus; los medios de comunicación nos informan una y otra vez de las vicisitudes en el desarrollo de posibles vacunas; se ha hecho evidente la debilidad de nuestro tejido productivo en lo relativo a la fabricación de elementos y materiales críticos para la protección sanitaria en una situación como la actual.  Con estos ejemplos creo que ahora todos entendemos fácilmente que una sociedad que no invierte en investigación es una sociedad desnuda ante cualquier contingencia seria; ha sido, está siendo, una lección dura de aprender. Pero no la olvidemos. Decidamos, de una vez por todas, por encima de diferencias políticas legítimas y de coyunturas presupuestarias complejas, que fortalecer el apoyo a la investigación es una operación claramente rentable, que los países más desarrollados y ricos no investigan porque son ricos, sino que son ricos porque investigan. No perdamos esta oportunidad. Que la siguiente crisis no sorprenda otra vez a nuestro país con una investigación escandalosamente infrafinanciada, por no haber figurado entre las prioridades de Estado. Afrontamos sin duda una etapa de ajustes presupuestarios importantes. Como siempre, la universidad española, en general, y la de Cantabria, en particular, será responsable y solidaria. Pero no podemos caer en errores del pasado: si queremos estar mejor preparados para cuando llegue la próxima crisis, debemos blindar la enseñanza y la investigación en la universidad.

En Cantabria, contamos con la ventaja de que su universidad pública es verdaderamente puntera en investigación y transferencia, así lo acreditan desde hace varios años los rankings más prestigiosos. La pasada semana, el estudio de la Fundación CyD colocaba otra vez a la Universidad de Cantabria a la cabeza de las universidades españolas en productividad investigadora; y, lo que es quizás más importante, situaba a Cantabria entre las 3 comunidades autónomas punteras en cuanto a la calidad de su investigación universitaria, sobre la base de los resultados de la Universidad de Cantabria, tanto los de carácter fundamental como aquellos más directamente aplicados o de transferencia inmediata. Por lo que respecta a colaboración con el sector productivo, es importante saber que ocupamos el tercer puesto en el contexto nacional en lo relativo a financiación captada por colaboración con empresas. Estamos pues en las mejores condiciones para ofrecer a Cantabria un escenario de alto rendimiento investigador, y de elevada capacidad para transferencia a la sociedad. Pero para ello es imprescindible que abordemos la definición de un marco estable de fortalecimiento para la investigación y transferencia en nuestra comunidad; y esto tiene que ser un empeño de toda la sociedad de Cantabria. Sabemos que el Gobierno regional busca un pacto por la Ciencia en este sentido y hemos manifestado por ello nuestro apoyo a esta iniciativa. Y estamos convencidos que todo el resto de actores políticos y sociales coinciden en esta necesidad de fortalecimiento. Necesitamos aumentar en España y en Cantabria, de forma muy significativa, el porcentaje del PIB destinado a investigación hasta que alcance, al menos, ese 2% que nos acercaría a la media de la Unión Europea.

La pandemia del Covid-19 deja lecciones para todos. Del intenso sufrimiento de estos meses debería surgir una sociedad más solidaria y sostenible, y también más consciente de sus limitaciones y de su indefensión. Y una sociedad más preparada, que entienda que un mayor potencial investigador nos dará una mayor capacidad de reacción frente a situaciones de crisis.

La Universidad de Cantabria seguirá esforzándose, día a día, en la mejora de su rendimiento docente y de su actividad investigadora y de transferencia. Debemos intensificar nuestra estrategia de acercamiento a la sociedad, pero es a la vez imprescindible que la sociedad y, en particular, su sector productivo, se implique cada vez más en su día a día. Nuestras puertas están abiertas y nuestra transparencia debe ser absoluta. Necesitamos de toda la sociedad de Cantabria para que su sistema de educación superior pública se consolide entre los mejores. Tenemos los mimbres para ello.

 

Ángel Pazos Carro

Rector de la Universidad de Cantabria




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